20/07/2008
Voy andando sola por la Castellana. Rosa León.

Voy andando sola por la Castellana
en busca de algún sueño,
una nube pasa,
los árboles me cierran
el paso en el bulevar.
¡Maldita madrugada!
No te aguanto más.
Voy dejando huellas
de mi soledad.
La luna parda me mira,
sólo me cuenta mentiras,
dormitan las golondrinas
debajo de mi camisa,
hay algún perro que ladra
y una campana me llama.
Camino y siento en la espalda
clavarse miradas de gentes extrañas.
Voy andando sola por la Castellana
en busca de algún sueño,
una nube pasa,
los árboles me cierran
el paso en el bulevar.
¡Maldita madrugada!
No te aguanto más.
Voy dejando huellas
de mi soledad.
Todas las lunas son frías. Todo el amor es ceniza.
Tengo los huesos en ruinas.
Ya no me queda saliva.
¿Dónde estará el horizonte?
¿Dónde estará la salida?
Camino y siento en la espalda
clavarse miradas de gentes extrañas.
Voy andando sola por la Castellana
en busca de algún sueño,
una nube pasa,
los árboles me cierran
el paso en el bulevar.
¡Maldita madrugada!
No te aguanto más.
Voy dejando huellas
de mi soledad.
Autores: Victor Manuel y Javier Bergia
LP "Cuenta conmigo", 1996
12/07/2008
Peces negros a la deriva.

Mientras los “dioses del mundo” se reunían en el lejano Japón para dilucidar cómo mantenernos a raya a las masas de la Tierra, cenando en enormes mesas con diecinueve platos en el menú para decidir cuál sería el más exquisito, pero sobre todo el más caro, con cara de alelados ante la carta, morían en el mar y siguen muriendo de hambre y abrasados por el sol los desheredados de la Fortuna, cada vez más niños, jóvenes y mujeres.
Muere y sigue muriendo el futuro de tierras sin pan y sin futuro cuyos habitantes tienen que atravesar un desierto de mar para buscarse la vida y se encuentran con la muerte, para buscar el preciado maná que les niegan los democráticos gobiernos en connivencia con tiranos y despóticos reyezuelos y sultanes con palacios de las mil y una noches que utilizan para su placer personal en lugar de para crear riqueza mediante puestos de trabajo que desarrollen sus países para que no tengan que abandonarlos jugándose la vida.
¿Qué pescador encontrará en sus redes estos peces que le amargarán la faena? A la deriva, África se desangra lenta y dolorosamente ante nuestra mirada impasible, insensible e hipócrita sin que seamos capaces de hacer nada, salvo esbozar apenas un gesto de desagrado por la cena que nos fastidian.
¿Quién anotará sus nombres en una bitácora para recordar que un día fueron seres humanos llenos de vida, de sueños y, gracias a los poderosos, de hambre, de desesperación y, al fin, de muerte? Nadie. Seguiremos cooperando con los tiranos, como el rey de Marruecos y otros, para que les sigan mandando desde sus reinos a morir en el mar, previo pago desorbitado a las mafias de tratantes de carne humana que nadie detiene ni encarcela.
A quién corresponda, le digo: No somos los culpables, pero sí somos los responsables de que el mar se llene de peces negros a la deriva, que fueron antes seres humanos con unos bonitos derechos … inalcanzables.
Ana Roncero.
13/06/2008
Rumalgas de Gredos.

-Cuidado, don Miguel, no atraviese por la mitad del prado, que hay una trampalera y se mete usted en ella hasta la rodilla.
-Pero, ¿qué dices, muchacho? – miró socarronamente al muchacho – ¡Si la hierba es dura y no se ve nada!
-¡Bueno, bueno, allá usted! ¡Ustedes los de la capital no saben del campo! ¿Ve esas hierbas más oscuras y puntiagudas?, pues son juncos, debajo hay agua y cieno. Mejor, bordee usted por la orilla del prado.
No dijo nada don Miguel, pero bordeó. Llegaron junto al río, se sentaron en una piedra, los dos observando el agua, y prepararon las moscas y las cucharillas para la pesca. Aquel muchacho menudo, de ojos extremadamente verdes, era educado y parlanchín. Siempre acompañaba a don Miguel de pesca. Ya sabía el color de las moscas que le gustaba utilizar, los charcos donde había que usar cucharilla ...
-¡Si le dejaran usar lombriz, aquí usted se forraba a truchas! – otra vez la sonrisa bordeando la boca.
-Luis, coge tú la cesta y el morral. Vamos hasta la presa de Praomolino.
-Es pronto, don Miguel, ahora está sombría y no saltan. Yo me quedaría en la Presa del Ángel un rato y, de paso, recojo unas ramas de helecho para la cesta. Aunque a mí me gustan más las rumalgas frescas para el lecho de las truchas.
-Pero cállate un poco, hombre, que las indinas son muy listas y nos oyen.
-¿Usted cree?
-Sí, hijo, sí.
Callados recorrieron el río hasta mediodía y en los lanchares de la Gargantilla sacaron la merienda.
-¿Si gusta, don Miguel?
-¿Qué tienes tú?
Luis abrió su morral y en la fiambrera de porcelana vio una tortilla de escabeche, torreznos de jamón, un cuarto de hogaza de pan del que amasaba su madre envuelto en una servilleta de vichy verde y blanca, queso de cabra y una morcilla calabacera.
-Te lo cambio –dijo don Miguel.
-¡Quite usted, que a los pescadores les ponen una merienda mucho más buena en el Parador!
Hicieron el cambio. El pícaro de Luis se comió la tortilla de buen atún, el jamón, el queso, la naranjada, un plátano, la manzana de verde doncella y guardó lo de la tarde para dárselo a sus hermanos. “¡Qué hombre tan inocente!”, pensó el muchacho brillándole los ojos, verdes como la profundidad del río.
-Gracias, hijo – dijo don Miguel -. Hacía tiempo que no comía una merienda tan buena.
-De nada, don Miguel. ¡Con usted da gusto ir de pesca, parece de pueblo, como nosotros!
-Ay, hijo, es que yo soy del pueblo. Que no se te olvide.
Desde entonces, eran compañeros. Aparecía don Miguel, la madre de Luis preparaba la fiambrera y ya no hacía falta cambiar la merienda, porque el día de pesca de don Miguel Delibes y Luis en el Tormes, era todo un rito.
Ana Roncero.
Publicado en El Cobaya nº 17 (primavera 2.008).
08/06/2008
Amapolas y espigas. Pablo Guerrero, 1.969.

Mi novia de mañana va a vendimiar.
Con el sol en la cara que guapa está.
Con el sol en la cara está muy guapa
mi novia en la vendimia por las mañanas.
Yo estoy contigo, yo estoy contigo,
entre el sol y los vientos y los racimos.
Las ricas en el pueblo bordan su ajuar
en espera de un novio que no vendrá.
Tú vente al campo a vendimiar.
De amapolas y espigas te haré un collar.
Vente conmigo, vente conmigo.
Te espero entre los vientos y los racimos.
Mi novia de mañana va a vendimiar,
dentro de dos semanas se casará.
Dentro de dos semanas nos casaremos.
Para San Juan seguro que hijo tenemos.
Para San Juan seguro, tenemos hijo
que será campesino, como yo he sido.
Vente conmigo a vendimiar.
Con el sol en la cara, qué guapa estás.
Con el sol en la cara, que guapa estás.
08/05/2008
Larosía.

http://agronomia.uchile.cl/centros/USEP/Granado/introduccion.htm
Abril caliente, seco, con el ardiente siroco rugiendo entre la arena, cegando los ojos de los habitantes de la hammada de Tinfuf. El siroco, implacable y cruel, inexorable, va levantando la arena como una ola que se junta con el cielo y ocupa todo y todo se ennegrece a su paso, todo lo arrasa, todo lo tumba, todo lo envuelve, todo se lo lleva, todo lo penetra, todo lo impregna, todo lo ensucia, todo lo mancha … de arena, de minúsculas partículas que encenagan el alma, todo lo llena … de desolación.
Añorar las gotas de agua en alguna pradera repleta de escarcha, o el embravecido mar del Cantábrico inundando de espuma los malecones, era una utopía imposible.
Sólo las aterciopeladas pestañas de los saharauis mantenían diminutas y brillantes gotas de llanto, con sus recuerdos bien colocados, escondidos en los baúles de su esperanza de regresar.
Larosía soñaba despierta con tener un árbol al lado de la entrada de su jaima, para poder ver sus hojas perladas de rocío, disfrutar de su sombra, poder contar su historia a los niños … pero el siroco se encargaba de secarlo una y otra vez. Ni el agua, tan preciada y valiosa, ni las lágrimas derramadas, ni siquiera el olor de aquel agua del mar que Nune, la pequeña de la casa, llevó en una botella, curaron al árbol ni curaron las heridas del alma de Larosía.
Larosía tenía una casa con cocina, con habitaciones, con un pequeño huerto, cerca del mar. Vivía en una ciudad blanca y limpia con calles bien trazadas de la que un mal día, un genio de color gris acero, por orden de un malvado sultán, la expulsó. Y mucho más se debería decir. Y poco más se puede decir.
Me hubiera gustado terminar el cuento con otro genio, un genio bueno, un genio de la lámpara concediendo su deseo de llevarla de vuelta con los suyos a su huerto de Dajla, a su casa de Dajla, a su mar de Dajla, donde vivía como un ser humano antes de tener que partir al exilio atroz. Pero la caracola sólo consiguió traer la voz del mar, ahora lejano en la distancia y en el tiempo, un mar inalcanzable.
Lloramos juntas un buen rato. Esa noche soñé que donde habían caído nuestras lágrimas surgieron briznas de hierba fresca que atravesaban la arena calcinada.
Dibujé un árbol rodeado de hierba con flores blancas. Fui al diminuto huerto de Rabunni, traje una vara de un granado en flor, la planté a la entrada de la jaima, para que su fuerza hiciera sonreír a Larosía y colocamos la flor en una botella.
Aún no desespero que un día me llame para decirme: “Ana, ¿sabes qué milagro ha ocurrido?: el granado brotó”. Y como el milagro del granado, el milagro del regreso a su tierra.
Ana Roncero.
22/04/2008
Canica.
Canica se quiere venir con nosotros a casa y nos persigue, pero no puede ser porque ya tenemos dos animales aquí y los conflictos serían insuperables y todos lo pasaríais mal. No puede ser, Canica, preciosa.
Pero lo que sí puede ser es que te baje comida todos los días y que os eche un ojo para que nadie os haga daño. Eso sí. De todos modos, aun con ciertas ventajas, debe de ser duro ser una gata callejera.
Ana Roncero.
06/04/2008
Aquel corazón. Rosana Arbelo.
Yo soy quien te quiere, quien mas te ha querido,
quien dio ochenta vueltas al mundo contigo.
Yo soy tu otra parte, tu medio latido,
tu cuarto creciente, tu nido de amor.
Si tu no me quieres, alla tu contigo.
Si no me has querido, peor para vos.
Yo sigo queriendo donde nos quisimos,
donde dibujamos aquel corazón.
Dibujamos aquel corazón un verano en el río.
Dibujamos aquel corazón con tu nombre y el mio.
En invierno quisimos volver
y aprendí que la tiza no escribe en el frío.
Dibujamos aquel corazón
y el invierno ha dejado un borrón.
Es absurdo querer subrayar lo que borra el olvido.
De momento ... No voy a gastarme la vida contigo.
Me quedo el reinado de tus sentimientos.
Así te lo digo, así te lo cuento.
El medio, el principio y el fin de tus cuentos
se escribe con tinta de mi corazón.
Si tu no me quieres, alla tu contigo.
Si vas a olvidarme peor para vos.
Saber que quererse no obliga al suicidio,
no impide que acabes muriendo de amor.
Dibujamos aquel corazón un verano en el río.
Dibujamos aquel corazón con tu nombre y el mio.
En invierno quisimos volver
y aprendí que la tiza no escribe en el frío.
Dibujamos aquel corazón
y el invierno ha dejado un borrón.
Es absurdo querer subrayar lo que borra el olvido.
De momento ... No voy a gastarme la vida contigo.
Album: Magia
15/03/2008
El cuento de la lechera. Samaniego/Paco Ibañez.
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
"¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!".
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre le ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz lechera,
y decía entre sí de esta manera:
"Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.
Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino,
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.
Llevárelo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
y compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña".
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera,
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre a su cantarillo la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro,
mira que ni el presente está seguro.
08/03/2008
Avanzando.

Por todas las mujeres asesinadas, por todas las mujeres violadas, torturadas, maltratadas, heridas, despreciadas, discriminadas. Por los trabajadores, y todos los demás, asesinados por ETA o por cualquier otro terrorismo del tipo que sea. Por todos los niños y ancianos asesinados, maltratados y abandonados. Por todos los seres vivos asesinados, torturados y abandonados ...
Tenemos que seguir luchando ... mientras podamos.
Ana Roncero.
25/02/2008
Yo voy soñando caminos. Antonio Machado.

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿A dónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero ...
-La tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión,
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón".
Y todo el campo, un momento,
se queda mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
¡quién te pudiera sentir
en el corazón clavada!".





