Se muestran los artículos pertenecientes al tema Anotaciones.
Que llueva, por favor.

A mí me gustan los otoños lluviosos. Este, por aquí, empezó refrescando un poco, pero están repuntando las temperaturas y de lluvia nada. Sigue todo muy seco. Necesito la lluvia suave para poder respirar.
Ana Roncero.
Cosas de la vida.

Cada uno elige consciente o inconscientemente su vida, dependiendo también de las circunstancias que le rodean en cada momento y que le van llevando o trayendo por los vericuetos vitales tan complejos como los que atravesamos. Lo que uno no sabe de antemano son las consecuencias de sus actos y de sus elecciones, pero tiene que afrontarlas y asumirlas sin aspavientos ni cegueras.
Entre las mujeres consideradas "modernas" está muy denostado y desprestigiado el hecho de haberse dedicado más (por circunstancias personales) al trabajo en la casa, al cuidado de los hijos y haber trabajado al tiempo fuera de ella sólo esporádicamente. Yo creo que no se puede generalizar en un sentido o en otro y que hay que ver cada caso concreto como un mundo en sí mismo, naturalmente conectado con todo lo que rodea a cada ser humano en un momento dado. Pero sí es cierto que, a veces, se pueden ver los resultados de haber elegido caminos artificialmente egoístas y explicarse así determinados comportamientos familiares conflictivos.
Y, no es por nada, pero he conocido muchas más de las despectivamente llamadas "marujas" entre mujeres que trabajan sólo fuera de casa que entre "amas de casa" bastante más progresistas y actualizadas en todos los sentidos.
Todo tiene sus pros y sus contras, pero me parece que no es lo mismo y, por tanto, no se debe confundir necesidad con capricho, obligación con devoción, churras con merinas.
Ana Roncero.
8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La lucha de la mujer por la igualdad es parte de la lucha de clases, porque de nada sirve conseguir la igualdad con los hombres mientras haya mujeres desiguales entre sí.
Ana Roncero.
Olmos nevados.

Foto: J.A.
La nieve también es bonita.
Ana Roncero.
Vueltas y más vueltas.

Aquí encima vamos nosotros todo el tiempo.
Los que sintáis un poco de vértigo, como yo, no miréis mucho.
Ana Roncero.
Precaución, niños sueltos.

http://www.macuarium.com/foro/index.php?act=ST&f=28&t=32875
Los niños son una especie en extinción en muchos países del mundo. Son las primeras víctimas de las guerras (ahora llamadas "conflictos armados"). Una de las muchas pruebas de esta afirmación está en la reciente y casi inadvertida noticia de que las tropas de EE.UU. han matado a unos 60 niños (otras veces dicen que 30) de un total de 90 civiles en Afganistan. Y no pasa nada. Ya, ni nos escandalizamos siquiera. Como si fuera lo más natural del mundo. Eso sin mencionar a los niños soldado.
http://www.20minutos.es/noticia/407247/0/matanza/civiles/afganistan/
Hemos rebasado extremos insoportables que soportamos tranquilamente. Ahora los niños valen menos que moscas en los "mercados internacionales". En un mundo en el que se ha invertido la pirámide de población y somos más ancianos (entre los que pronto me incluiré) que niños y jóvenes, el asesinato de niños por estos nuevos soldados sin honor y sin remordimientos, sumisos a los genocidas que los mandan, nos deja a todos fríos e impasibles, sumisos a los medios de comunicación que nos manipulan.
Va a ser un mundo inhumano. Ya lo es. Ya hace tiempo que lo viene siendo. ¡Total, mientras que no nos afecte!, ¡nos queda tan lejos! Pero, como siempre sucede, cuando nos llegue ya no habrá solución. Y lo peor es que nos lo habremos ganado a pulso nosotros solitos por no encarcelar a los asesinos.
¡No pasa nada! Mientras sigamos tomando cada dia nuestra dosis (cada vez mayor) de anestesia, ¡no pasa nada! A nosotros nos matan otras cosas "civilizadas", que es de lo que se trata.
Me resulta imposible entender cómo sobreviviremos matando, como lo están haciendo, a nuestro pasado (la madre Tierra) y a nuestro futuro: los niños. Pero, chico, ¡allá penas!
Ana Roncero.
Peces negros a la deriva.

Mientras los “dioses del mundo” se reunían en el lejano Japón para dilucidar cómo mantenernos a raya a las masas de la Tierra, cenando en enormes mesas con diecinueve platos en el menú para decidir cuál sería el más exquisito, pero sobre todo el más caro, con cara de alelados ante la carta, morían en el mar y siguen muriendo de hambre y abrasados por el sol los desheredados de la Fortuna, cada vez más niños, jóvenes y mujeres.
Muere y sigue muriendo el futuro de tierras sin pan y sin futuro cuyos habitantes tienen que atravesar un desierto de mar para buscarse la vida y se encuentran con la muerte, para buscar el preciado maná que les niegan los democráticos gobiernos en connivencia con tiranos y despóticos reyezuelos y sultanes con palacios de las mil y una noches que utilizan para su placer personal en lugar de para crear riqueza mediante puestos de trabajo que desarrollen sus países para que no tengan que abandonarlos jugándose la vida.
¿Qué pescador encontrará en sus redes estos peces que le amargarán la faena? A la deriva, África se desangra lenta y dolorosamente ante nuestra mirada impasible, insensible e hipócrita sin que seamos capaces de hacer nada, salvo esbozar apenas un gesto de desagrado por la cena que nos fastidian.
¿Quién anotará sus nombres en una bitácora para recordar que un día fueron seres humanos llenos de vida, de sueños y, gracias a los poderosos, de hambre, de desesperación y, al fin, de muerte? Nadie. Seguiremos cooperando con los tiranos, como el rey de Marruecos y otros, para que les sigan mandando desde sus reinos a morir en el mar, previo pago desorbitado a las mafias de tratantes de carne humana que nadie detiene ni encarcela.
A quién corresponda, le digo: No somos los culpables, pero sí somos los responsables de que el mar se llene de peces negros a la deriva, que fueron antes seres humanos con unos bonitos derechos … inalcanzables.
Ana Roncero.



