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LA PIEDRA DEL MEDIODÍA

El terror que no cesa.

El terror que no cesa.

Ocho y media de la tarde del 13 de Enero de 2.003: gira una vuelta más la rueda del terror cotidiano (menos mal que España iba bien) y la quinta mujer, en lo poco que va de año, cae asesinada por su marido, ex marido, compañero ex-sentimental, yerno, etc. ¡Qué fatalidad! ¡Eso es que eran muy malas y se lo merecían! ¡Las mujeres … ya se sabe!¡Cómo somos!

 

La escalada sigue y en esta guerra no hay treguas navideñas hasta después de Reyes ni nada parecido. Para más INRI, este fatídico día 13 la rueda del terror ha girado dos veces y se ha llevado a la tumba a dos mujeres más. Más de lo mismo, como os decía en mi anterior artículo.

 

No eran personas conocidas, eran gente corriente como tú y como yo, pero estaban amenazadas y, sin embargo, no llevaban guardaespaldas. Eran mujeres, ¿fue ese su “delito”?

Por si fuera poco, estos asesinatos han ocupado espacios secundarios en los medios de comunicación porque las noticias más importantes están reservadas a la propaganda electoral sobre el endurecimiento de las penas que tendrán que cumplir determinados delincuentes y terroristas, pero que no se les va a aplicar a los asesinos de la violencia de género sino sólo ligeros parches y sucedáneos.

 

Pero ¿qué va a pasar con los hijos y familiares de estas víctimas? ¿Quién hará justicia a tantos inocentes? ¿Quién asumirá las indemnizaciones de los energúmenos insolventes que campan a sus anchas con sus uniformes de seres normales? Algunos serán detenidos, se garantizará escrupulosamente sus derechos ciudadanos, tendrán juicios justos y amables, se les condenará (cuando así resulte) con benignidad y con todas las atenuantes posibles, serán recluidos en cárceles (en las que se portarán como buenos chicos) de las que saldrán en muy poco tiempo rodeados de la comprensión y el cariño de algunos sectores sociales porque sus víctimas se lo merecían o, a lo sumo, porque son pobrecitos desequilibrados, algunos de los cuales vuelven a asesinar cuando salen (o incluso durante permisos de fines de semana). Y los que no vuelven a asesinar, cuando se reintegran a la sociedad, como no se les ha retirado la patria potestad sobre sus hijos (que también son los hijos de su víctima), ven materializado su derecho a volver a verles periódicamente, a veces contra el derecho de los niños de no tener que volver a ver al asesino de su madre.

 

En cambio ellas, las mujeres asesinadas, las verdaderas víctimas, a pesar de la locura semántica e interpretativa que a veces nos invade, estarán en su pequeña cárcel eterna y olvidada en cualquier cementerio perdido sin haber podido recibir justicia. Su todopoderoso amo la ha juzgado, condenado y ejecutado de forma implacable, sin las pruebas, sin las garantías, sin los atenuantes, sin la misericordia de las que después él disfrutará.

 

Quiero, exijo, pido desde aquí justicia para las víctimas de la violencia de género y sus hijos. Y pido también que, entre todos, terminemos de una vez con la “comprensión social” que viene rodeando a estos terroristas (acosadores incluidos).

 

Acabo de leer unas declaraciones de Ana Botella, una mujer por cierto comprensiva con un acosador ponferradino, grande de España por su linaje (según ha dicho el hijo de un reciente duque de nuevo cuño). En estas declaraciones, dice que los homosexuales no son buenos padres adoptivos porque según fuentes científicas no están capacitados para dar educación y amor y, al final, en dos frases, hablaba de la violencia doméstica.

 

Mire usted, señora, que yo haya oído, ni un solo homosexual está implicado en malos tratos ni asesinatos de violencia de género, pero además le digo que si yo fuera hijo de las mujeres asesinadas por sus maridos, exmaridos, compañeros, excompañeros, etc., preferiría tener a homosexuales como padres antes que a asesinos padres machotes, que son los que sobran en una sociedad sana y democrática como la que debemos construir.

 

Las mujeres no comprensivas y hartas de esta lacra, reivindicamos que este fenómeno sea equiparado al terrorismo y sea perseguido, condenado y cumplido con sus mismas características y no siga siendo considerado como un puñado más de muertes anuales.

 

Ana Roncero.

 

Ávila, 16/1/2.003.

 

Publicado en Ávila Red el 20/1/2.003.

 
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1 comentario

Dinosaurio -

Es muy dura la lucha contra esta lacra social, pero hay que seguir en la brecha.
Abrazos.
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